A la espera de que al fin se defina entre una sociedad libre o el comunismo

El resultado definitivo de las elecciones de Estados Unidos sigue en el aire. Es raro ver este fenómeno en el país con la democracia más perfecta del mundo.

Nunca antes en la historia de los EE. UU. habían competido dos candidatos con modelos de gobierno tan opuestos como Biden y Trump.

Mientras Trump ha tomado como prioridad impulsar la economía, contrarrestar regímenes totalitarios y restaurar los valores tradicionales americanos, Biden  propone una agenda izquierdista: favorecer el aborto, la legalización de las drogas, el ateísmo, la ideología de género, la destrucción de la familia tradicional, las migraciones masivas sin control, el globalismo, el revisionismo histórico, etc. en pocas palabras, destruir los valores tradicionales que han llevado al país a elevados niveles de riqueza y bienestar.

A pesar de la votación reñida por parte de los candidatos, el demócrata Biden, apoyado por los medios de comunicación de izquierda de todo el mundo, se ha proclamado ganador, sin que la Justicia se haya pronunciado aún. Así mismo, Trump ha demandado a varios estados por fraude y corrupción, pero las redes sociales han censurado sus cuentas y abiertamente promulgan su derrota. Este veto es un ataque contra la verdad, la libertad de expresión, y una clara señal de la decadencia moral de los medios.

Esta situación ha sacudido a los millones de americanos que ansían recuperar su tradicional grandeza, y a las numerosas comunidades espirituales y religiosas que apoyan claramente al candidato Republicano, porque durante todo su mandato apoyó la libertad religiosa en todo el mundo. Tantas oraciones, tantos mensajes de esperanza quedaron en suspenso…

Pero, ¿es posible que todo esté perdido?

No, porque aún no termina este asunto. Desde el punto de vista espiritual, se considera que, en este mundo humano, lo que se ve con los ojos físicos es meramente una elección presidencial, pero en un nivel más fundamental, es una batalla entre el bien y el mal, cuyo resultado cambiará al mundo. Esta lucha se da porque habría que elegirse entre una sociedad libre o el comunismo.

Hace cuatro años, cuando Trump fue elegido presidente de EE. UU., dijo: «En América, no adoramos al gobierno, adoramos a Dios». Con el juramento de «Hacer a América grande de nuevo», lideró un gigantesco crecimiento de la economía de EE. UU. y pidió que la sociedad volviera a los valores tradicionales. Y algo impensable: desenmascaró al partido comunista chino exponiendo sus crímenes y violaciones a los derechos humanos.

Todo lo anterior dio esperanza a los americanos para salir de la decadencia moral en que se encuentra la humanidad, pues ningún sistema de gobierno que no esté fundado sobre la fe en lo divino, o en la moral y los valores tradicionales, puede proteger al pueblo de la miseria y destrucción.

Sin embargo, en medio de todas la noticias falsas y promoción de los medios que apoyan el fraude electoral, mucha gente ha despertado a la verdad y ha empezado a defender a la justicia. Algunos están orando por el futuro de la humanidad y otros exigen que la verdad salga a la luz. Así mismo, en estos momentos muchos, Servicios de Inteligencia y la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) trabajan para probar el fraude, al lado de la justicia norteamericana.

Por ahora, lo único que resta hacer es estar seguros de que al final todo va a salir bien, porque la ‘justicia cojea, pero llega’, y entender que, si el mal no saliera a hacer maldades, la gente no tendría la oportunidad de desarrollar conciencia para decidir por sí misma su propio futuro, es decir que al final siempre hay un orden en medio del caos.

Escrito por VCSradio