Aníbal, el guerrero que cruzó los Alpes a lomo de elefante para atacar a Roma

7:30 minutos. El general cartaginés Aníbal cruzó hasta Roma pasando los Alpes a lomo de elefante. Y estuvo cerca de conquistarla. A continuación lo puede leer o escuchar.

Aníbal, el guerrero que cruzó los Alpes a lomo de elefante para atacar a Roma

Dos siglos antes de Cristo, Roma se perfilaba como un poderoso imperio. Pero un hombre estuvo cerca de malograr su sueño. 

Cartago se inició como una provincia fenicia, en el norte de África cerca de la actual Túnez, hacia el siglo IX a.C. Con el tiempo, Cartago cobró su autonomía y se convirtió en una potencia comercial y militar, disputando el dominio del Mediterráneo al creciente imperio romano. Esta rivalidad tuvo su punto culminante en el siglo III a.C., con la primera guerra púnica. Al final de ella el cartaginés Amílcar Barca, ante el poderío de Roma, debió firmar una paz desventajosa.

Amílcar, en 247 a.C. celebró el nacimiento de su hijo Aníbal, a quien transmitió su conocimiento militar y el odio hacia Roma.

El ascenso de Aníbal

Desde una edad muy temprana, Aníbal siguió a su padre, quien era el comandante en jefe del ejército cartaginés, en sus correrías militares. Así se familiarizó con el uso de las armas y la disciplina del ejército.

Gran parte de su juventud la pasó en la provincia de Hispania, donde Roma y Cartago se habían repartido los territorios, pero mantenían una tensión constate por la supremacía de esta rica provincia.

Después de la muerte de su padre Amílcar y de su tío Asdrúbal, Aníbal fue nombrado comandante del ejército, en 221 a.C. Para ese entonces, las relaciones con Roma habían alcanzado un punto que poco después llevó a una nueva confrontación. 

Entonces, Aníbal decidió tomar la ofensiva, marchando sobre Roma. Pero ésta tenía un gran poderío naval, por lo que asumió una de las decisiones más arriesgadas y geniales en la historia de las guerras: cruzar los Alpes para llegar por el norte de Italia.

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El cerco a Roma

A finales del 218 a.C., Aníbal emprendió la travesía con 90.000 infantes y 12.000 caballeros, así como 37 elefantes. En esta dura gesta habrían de morir muchos hombres, azotados por el frío extremo y el hambre.

Pero una vez bajaron de los Alpes, se les unieron miles de hombres de diferentes tribus, y pudieron sorprender a los romanos, que esperaban verlos llegar por el mar. Desde ese momento, inició un incontenible avance, utilizando diferentes tácticas novedosas para derrotar una y otra vez a las legiones romanas, que siempre utilizaban las mismas estrategias.

Se presentaron duras batallas, como las de Trebia, el lago Trasimeno y la de Cannas en la que murieron 60.000 soldados romanos, siendo tal vez la más grande derrota en toda su historia. De todos modos, las fuerzas cartaginesas fueron mermando, por la prolongada guerra. Aníbal pidió refuerzos a Cartago y mientras tanto, no se dirigió directamente a Roma, sino que se dedicó a hostigar todas las regiones vecinas.

Pero los refuerzos solicitados nunca llegaron. Los enemigos políticos de Aníbal temían que una victoria lo convertiría en emperador, y las pequeñas intrigas políticas sellaron la suerte de Cartago.

El asedio a Roma duró hasta el 203 a.C., cuando Aníbal debió dejar Italia para acudir en defensa de su patria. Allí, tristemente fue derrotado por Escipión llamado el africano, quien tenía un ejército mucho más numeroso.

El final de un gladiador

Entonces, la estrella de Aníbal se apagó. Debió huir de Cartago para no caer en manos de los romanos y, en 183 a.C. con 63 años de edad, se suicidó, asediado por sus enemigos. Este hecho, al fin, permitió a Roma respirar tranquila.

A través de la historia hemos conocido las hazañas de grandes guerreros, como Alejandro Magno, Gengis Kan o Napoleón. Pero la imagen de Aníbal cruzando los Alpes a lomo de un elefante, al frente de 100.00 hombres que soportaban las peores condiciones por seguir a su líder, será por siempre un ícono de la historia.

Todo lo anterior, sin contar que la guerra con Cartago fue realmente el único enfrentamiento que tuvo Roma con un verdadero imperio. Todo lo demás, fueron guerras de conquista. La más grande derrota romana fue, sin lugar a dudas, la batalla de Cannas. Y al frente del ejército victorioso estaba Aníbal Barca, guerrero cartaginés.

Escrito por Carlos Morales G. Para VCSradio.net

Foto de portada: La batalla de Cannas – Cornelis Cort – Art Institute of Chicago – Dominio público. Cortesía de Creative Commons

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