El cargador de Calcuta

5:30 minutos. El cargador de Calcuta es un cuento anónimo indio que nos muestra cómo en un cuerpo sencillo puede habitar un alma grande. A continuación, lo puedes leer o escuchar.

El cargador de Calcuta

Un buscador espiritual de occidente llegó a Calcuta. En su país había recibido noticias de un elevado maestro espiritual llamado Baba Gitananda. Después de un agotador viaje en tren de Delhi a Calcuta, en cuanto abandonó la abigarrada estación de la ciudad, se dirigió a un cargador o cooli, para preguntarle sobre Baba Gitananda. El cargador nunca había oído hablar de este hombre.

El occidental preguntó a otros cargadores, pero ninguno había escuchado jamás ese nombre. Después de mucho indagar, finalmente un cargador, al ser inquirido, le contestó:

-Sí, señor, conozco al maestro espiritual por el que preguntas.

El extranjero lo contempló con detenimiento.

Pudo ver que se trataba de un hombre muy sencillo, de edad avanzada y por su aspecto, parecía muy pobre.

-¿Estás seguro de que conoces a Baba Gitananda? -preguntó, insistiendo con duda.

-Sí, lo conozco bien -repuso el cargador.

-Entonces, llévame hasta él.

El buscador occidental se acomodó en el carrito y el cargador comenzó a tirar del mismo. Mientras era transportado por las atestadas calles de la ciudad, el extranjero no dejaba de pensar: “Este hombre no tiene aspecto de conocer a ningún maestro espiritual y mucho menos a Baba Gitananda. Espero que no esté confundido con otra persona. Ya veremos dónde termina por llevarme”.

Después de un largo trayecto, el cargador se detuvo en una callejuela muy estrecha, por donde apenas podía pasar el desvencijado carrito. Jadeante por el esfuerzo y con voz entrecortada, dijo:

-Señor, voy a mirar dentro de la casa. Espere unos momentos y después puede entrar. De seguro será atendido.

El extranjero quedó realmente sorprendido. ¿Le habría conducido hasta allí para robarle o, aún peor, incluso para que tal vez le golpearan o quitaran la vida? Era en verdad una callejuela inmunda, y él ni siquiera sabía en qué lugar de la ciudad se encontraban.

¿Cómo iba a vivir allí Baba Gitananda ni ningún mentor espiritual? Vaciló e incluso pensó en huir. Pero, recurriendo a todo su coraje, y pensando que ya había llegado muy lejos para volver atrás, se decidió a bajar del carrito. Con precaución se asomó por la sucia puerta que había atravesado el cargador. Tenía miedo, pero trataba de sobreponerse.

Atravesó un pasillo que desembocaba en una sala que estaba en semipenumbra y donde olía a sándalo. Al fondo de la misma, vio la silueta de un hombre en meditación profunda. Lentamente se fue aproximando al yogui, sentado en posición de loto sobre una piel de antílope y en actitud de meditación.

Y de repente, ¡Cuál no sería su sorpresa al comprobar que aquel hombre era el cargador que lo había conducido hasta allí! A pesar de la escasa luz de la estancia, el occidental pudo ver los ojos amorosos y calmos del cargador, y contemplar el lento movimiento de sus labios al decir:

-Yo soy Baba Gitananda. Aquí me tienes, amigo mío.

Reflexión: No debemos apresurarnos a juzgar a nadie por su aspecto. Dentro de un humilde cuerpo se puede encontrar un corazón grande y muy cultivado.

Cuento anónimo indio

Foto de portada: pxfuel

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