El Discípulo Perfecto

4 minutos. Cuando un maestro enseña su verdad, miles vienen a escucharlo. Pero solo quien tiene los oídos del corazón abiertos puede convertirse en su discípulo.

El Discípulo Perfecto

Un maestro espiritual peregrinaba por los pueblos más remotos, enseñando la verdad a la que se había iluminado. En cierta ocasión llegó a una aldea donde, pidiendo prestado un gran salón, convocó a los aldeanos para transmitirles las enseñanzas divinas.

El primer día asistió una gran cantidad de vecinos, pero los siguientes días comenzaron a desertar, pues la mayoría no podía comprender las palabras del maestro. Finalmente, al quinto día solo llegó un joven, quien siempre se había sentado muy atento en la primera fila.

Después de esperar unos momentos, viendo que no llegaba nadie más, el maestro se dirigió al joven asistente:

-Parece que no va a venir nadie más, pero yo no puedo dar mi charla para una sola persona. Además, mañana viajo temprano y debo descansar.

El muchacho le pidió que postergara el viaje, y se comprometió a regresar al otro día con una gran cantidad de gente. El maestro estuvo de acuerdo, y al siguiente día esperó temprano en el salón.

Sin embargo, cuando vio entrar al joven, nuevamente solo, le reclamó por su engaño. Pero éste llevaba una bolsa, de donde sacó muchos pequeños muñecos, que colocó pacientemente frente al maestro. Éste miró incrédulo, y le dijo:

-Pero, ¿te estás burlando de mí? ¡Solo has traído una cantidad de muñecos!

El joven lo miró con humildad y le contestó:

-Maestro, todas las personas que han venido en estos días son como estos muñecos. Ellos no entienden nada de lo que dice, y solo cumplirían la función de llenar el salón, sin ningún provecho para ellos ni para usted. Pero en cambio, yo entiendo profundamente sus enseñanzas y quisiera continuar escuchando la verdad. Por favor, no me niegue esta oportunidad solo porque el salón parece vacío.

Al escuchar esto, el maestro se sintió avergonzado por su falta de misericordia. Este joven, aunque todavía ignorante de muchas verdades, mostraba más sabiduría que él. Entonces, pidiéndole disculpas, lo invitó a ser su discípulo permanente y a partir de entonces comenzó a instruirlo en el camino espiritual.

Reflexión: el tener muchos seguidores no asegura que las palabras de un maestro son verdaderamente sabias. Mientras la multitud espera escuchar aquello que satisfaga sus deseos, quien verdaderamente busca la verdad sabe que ésta no viene envuelta en papel de seda.


Cuento anónimo chino adaptado para VCSradio.net.

Portada: Carlos Morales Galvis

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