El sesgo de los organismos de derechos humanos los hacen poco confiables


5 minutos. Los organismos de derechos humanos, antes defensores de los más vulnerables, han perdido credibilidad por tomar posiciones políticas.

Después de la segunda guerra mundial, y en especial cuando los regímenes comunistas comenzaron a extender sus tentáculos en la época de la guerra fría, los países democráticos entendieron que se debían crear mecanismos para proteger a los ciudadanos víctimas de abusos de derechos humanos.

En lo que a Latinoamérica respecta, el primer organismo de derechos humanos, fue el Comité Interamericano de Derechos Humanos (CIDH); éste fue creado en Santiago de Chile en 1959. Se trata de un órgano consultor de la OEA para los Derechos Humanos en este continente.

En 1962 se creó en Londres Amnistía Internacional (AI), con el fin de garantizar el cumplimiento de lo establecido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Posteriormente, en 1988 se creó Human Rights Watch (HRW), cuyo objetivo es el mismo de AI.

Es innegable el servicio que todas estas entidades han prestado a la humanidad, para contener la práctica abusiva de muchos estados hacia sus ciudadanos. Y su papel ha ido más allá, haciendo presencia en las regiones en conflicto; así mismo, velando para que, aún en medio de la crueldad de las guerras, se respeten los derechos de los civiles que no toman parte en las contiendas. Por esto, la imparcialidad se observa en su denuncia de ataques provenientes, tanto de las dictaduras de derecha como de las de izquierda.

Pero desafortunadamente, con el pasar del tiempo, en algunas regiones esa imparcialidad ha desaparecido; sus informes suelen ser sesgados, de acuerdo con la inclinación ideológica de los funcionarios a cargo. Es por esto que cada vez hay más reticencia de parte de los gobiernos para aceptar sus dictámenes. Aun así, quedan en una encrucijada, pues tanto EEUU como la Unión Europea se basan en dichos informes para tomar muchas de sus decisiones.

La evidente parcialidad es tan fuerte que, en 2009 Robert Bernstein, uno de los fundadores de HRW, se mostró preocupado por el rumbo tomado por esta organización. Criticó que en el tema del conflicto de Israel con Palestina, los informes de HRW siempre maximizaban las acciones bélicas de Israel, pero minimizaba las de Hezbolá y Hamás, del lado palestino.

Así mismo, el Comité de Derechos Humanos (CDH) de la ONU ha recibido cuestionamientos por permitir el acceso a países claramente violadores de los derechos humanos; por ejemplo, lo ocurrido en 2020 cuando aprobó el ingreso de China, Cuba y Rusia a dicho comité.

Este tipo de manejos darían la razón al ex presidente Trump cuando retiró el apoyo financiero a la ONU.

Respecto a Colombia, los informes parcializados que estas organizaciones han emitido sobre el paro iniciado el 28 de abril, han impactado negativamente la imagen del país en el exterior. En mayo pasado Amnistía Internacional (AI) solicitó urgentemente a EEUU suspender la venta de armas a Colombia; esto, por el excesivo uso de la fuerza por parte del gobierno. En ese informe, AI no dio importancia al brote violento de grupos armados que destruyeron CAIS, comercios y estaciones de transporte; tampoco a los policías muertos y heridos en las confrontaciones.

A pesar de que siempre es condenable el atropello policial contra los manifestantes, hay que ver que este paro ha tenido un desarrollo complejo; está la presencia de terroristas infiltrados, bloqueos de vías y vándalos que salen en las noches a sembrar el terror. En medio del caos, se presentan enfrentamientos que, muchas veces, dejan muertos y lesionados.

Pero estos dos ángulos no siempre son admitidos en los informes de los organismos que vigilan el cumplimiento de la protección a la vida. El informe de HRW a comienzos de junio calificó de “gravísimos” los abusos cometidos por la policía colombiana. Aunque mencionó los ataques sufridos por la fuerza pública, insistió en que éstos no justificaban la violencia policial. Pero no explicó cómo se debían enfrentar los actos vandálicos sin recurrir a la fuerza.

De todos modos, las posiciones del director para las Américas de HRW, José Miguel Vivanco, han generado controversias anteriormente. Por ejemplo, en el caso Uribe, en el cual ha condenado abiertamente al expresidente.

Finalmente, la visita al país de una comisión del CIDH generó todo tipo de polémicas, pues esta se mostró reacia a recibir voceros de grupos diferentes a los de oposición al gobierno Duque. Aunque escucharon a los gremios y a los funcionarios del gobierno, las perspicacias sobre la imparcialidad de su informe siguen latentes. Se ha sabido que a muchos líderes de corrientes contrarias al prolongado paro, no se les escuchó con tanta atención como a los representantes del mismo.

Está por demás recalcar que los organismos creados para garantizar los derechos humanos son necesarios, y en el pasado han salvado miles de vidas. Pero sus numerosos informes sesgados han destruido su credibilidad.

Si se siguen nombrando funcionarios que toman partido por ideologías políticas, llegará el momento en que muchos países comiencen a pedir su desmonte. Es necesario que estos organismos estén por encima de cualquier ideología, puesto que los derechos humanos abarcan a todos los ciudadanos, sin distingo de raza o política, y sin importar que vistan de civil o de uniforme militar.

Editorial VCSradio.net

Foto: Juan Manuel Herrera – OAS/OEA


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