La conquista del polo sur: una historia de heroísmo y tragedia

7 minutos. La conquista del Polo Sur estuvo marcada por actos heroicos, y a la vez trágicos. A continuación, puede leer o escuchar esta historia

La conquista del polo sur: una historia de heroísmo y tragedia

El 14 de diciembre de 1911 culminó una de las grandes gestas por la conquista de territorios inexplorados: Roald Amundsen arribó al polo sur.

Los años finales del siglo IXX y comienzos del XX fueron testigos de grandes exploraciones, en medio de una feroz competencia entre naciones, por ser las pioneras en sitios aparentemente inalcanzables, por todo el planeta.

Por supuesto, al frente de la competencia se encontraban personajes aventureros, dispuestos a enfrentar cualquier peligro para coronar una de esas metas. Había tantos sitios por conquistar, que el mundo mantenía el corazón expectante ante el anuncio de cualquiera de esos intrépidos viajeros.

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Uno de los sitios más codiciados era el remoto e impredecible polo sur. Entonces, no es extraño que los competidores por llegar allí procedieran de países con muchos exploradores: Noruega e Inglaterra.

El noruego Amundsen había planeado conquistar el polo norte en 1910, pero cuando se enteró de que el estadounidense Robert Peary había llegado allí el 6 de abril de 1909, cambió sus planes y se dirigió al polo sur.

Por su parte, el británico Robert Falcon Scott ya había iniciado la travesía rumbo a ese mismo destino. De modo que se había declarado, inopinadamente, una competencia por la conquista del más difícil de los trofeos.

Dos grandes aventureros, dos enfoques diferentes

Amudsen había tenido un largo recorrido de exploraciones en la Antártica, donde aprendió técnicas de supervivencia en esas duras condiciones climáticas, y convivió con los nativos netsilik, quienes le transmitieron mucho de su conocimiento.

Mientras tanto, Scott, oficial de la Marina Real Británica, había estado por doce años en el Ártico; y ya tenía conocimiento del terreno, pero no estaba tan preparado en los aspectos logísticos para tan grande travesía

De modo que el 20 de octubre de 1911, Amundsen partió desde la Bahía de Ballenas, en el mar de Ross, para un recorrido de 1300 kilómetros. Llevó a esta expedición cuatro de sus hombres, utilizando perros para arrastrar los tineos. 24 de ellos habrían de ser sacrificados para alimento de animales y hombres. Amundsen era supremamente meticuloso, y planeó su viaje al milímetro.

Oscar Wisting, Olav Bjaaland, Sverre Hassel y Roald Amundsen en el Polo Sur. – Licencia de Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

Había calculado la cantidad de provisiones necesarias y llevaba la indumentaria adecuada para el frio. Así mismo, todos sabían esquiar perfectamente.

Por otro lado, Scott utilizó preferentemente caballos ponis, los cuales debían llevar su propia comida y no eran adecuados para la marcha por el hielo. Las provisiones eran insuficientes, y utilizaron ropa de algodón, que no los protegía adecuadamente del frío extremo. Ninguno de ellos sabía manejar a los pocos perros que llevaron. A pesar de todo esto, con tanto coraje como su rival, partió a su destino desde el estrecho de Mc Murdo, en el mismo mar de Ross, el primero de noviembre de 1911.

Triunfo y tragedia

Tras una travesía relativamente tranquila, el 14 de diciembre de 1911, Amudsen alcanzó su meta en el polo sur, donde clavó la bandera noruega. Dejó en el sitio una carta para el rey Noruego Haakon VII, así como otra para Scott. El 26 de enero de 2012 llegó de regreso al buque Fram, el cual los había conducido hasta allí.

Imagen italiana de 1930, que ilustra la carrera por el Polo Sur y un mapa de la Antártida – Dominio público – tomada de Wikimedia Commons.

34 días más tarde, el 17 de enero de 1912, Scott llegó al mismo sitio, y pudo constatar, desolado, cómo había sido vencido. Para entonces ya su equipo se encontraba agotado y las provisiones escaseaban. Emprendieron el regreso, pero cada vez más débiles por el clima que se abatió sobre ellos, y víctimas del escorbuto, a finales de marzo fallecieron, a solo 261 kilómetros de su base.

La dualidad presentada en esta terrible aventura de hombres temerarios, es un ejemplo del arrojo humano que no se detiene ante nada para lograr metas, imposibles en apariencia. Ambos son considerados héroes en sus patrias, y se les respeta por el valor con que enfrentaron todas las adversidades, más allá de los resultados que cada uno obtuvo, y de los errores que, definitivamente, los hicieron más humanos y a la vez más grandes.  

Escrito por Carlos Morales para VCSradio.net

Foto de portada: Torsten Dederichs en Unsplash

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