La pandemia que derrumbó al imperio inca

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La llegada de los primeros navíos y la ocupación del continente americano por parte de las huestes europeas, resultaron catastróficas para la población americana en materia de salud: se calcula que un 95% de la población aborigen, murió en los primeros 130 años contados a partir de la llegada de Cristóbal Colón.

Múltiples factores agravaron dicho fenómeno (entre ellos los señalamientos del ecólogo Jared Diamond). La población se diezmó debido a los enfrentamientos bélicos, emprendidos por los españoles con el fin de apropiarse de tierras y riquezas de los indígenas. A la alteración de las cotidianidades agrícolas ‒sustento de la economía de los grupos poblacionales‒. Al desplazamiento de las gentes a territorios inhóspitos y a las epidemias que trajeron los españoles: viruela, sarampión, tifus, gripe.

Enfermedades letales para los aborígenes, pues ni sus organismos ni su estilo de vida estaban preparados para afrontar males de tal naturaleza. El caso del imperio inca es representativo, ya que da cuenta de la contundencia de la epidemia de la viruela, como factor determinante en el descenso abismal de conglomerados poblacionales nativos. Huayna Cápac, soberano incaico, es considerado como una de las primeras víctimas identificadas que murieron a causa de la viruela. Con su muerte, y la de un gran número de integrantes de su linaje, devino el declive del imperio.

Padecimiento de Huayna Cápac

Huayna Cápac, el Grande (1465-1525), heredó la autocracia de su padre Túpac Inca Yupanqui en 1493. Fue el undécimo soberano entre los trece que ocuparon el cargo. Se forjó como símbolo del auge incaico pues retomó los legados de sus antecesores y consolidó la expansión territorial y cultural que alcanzó a llegar a Pasto, en el sur de Colombia, a Bolivia, Chile y algo de Argentina.

Estudiosos de la historia de las pandemias en América (como Noble David Cook), basados en los cronistas y viajeros de la época (Miguel Cabello Balboa, Cristóbal Vaca de Castro, Juan Díez de Betanzos, y Pedro Cieza de León, entre otros) reconstruyeron el padecimiento y muerte de Huayna Cápac, al contraer la letal enfermedad y la expansión tóxica por el territorio.

El Inca se hallaba en el litoral ecuatoriano en plan de reconquista en 1524. Allí se enteró de la llegada de extranjeros a la región y de la deplorable situación por la que atravesaba Cusco, la capital del imperio. Toda vez que su hermano Auqui Topa Inga y su tío Apo Illaquita, encargados de manejar la ciudad en ese momento, junto con su hermana Mama Coca y otros parientes, habían muerto por “una gran pestilencia”.

Tras la noticia Huayna se dirigió a Quito y estando allí lo sorprendió “una enfermedad de calenturas, de virgüelas”. Presintiendo su muerte, nombró a su hijo Ninan Cuyuchi como sucesor del imperio, pero días después de la muerte de su padre, también falleció a causa de la misma enfermedad. El cuerpo de Huayna fue embalsamado y llevado a Cusco, suceso que debió expandir más los virus. 

El derrumbe final

Con su fallecimiento, el imperio decayó: sus otros dos hijos, Huáscar y Atahualpa, se disputaron la sucesión, siendo este último el vencedor. La llegada a Cusco de Francisco Pizarro empeora las cosas. Mediante argucias subyuga a Atahualpa y, en definitiva, lo manda a ejecutar en julio de 1533, hecho que simboliza el final del imperio.

El desconocimiento sobre esa epidemia ‒transmisión y tratamiento‒ hizo que el impacto demográfico en muertes fuera enorme entre los aborígenes. Es paradójico que Perú y el resto de América estén librando una nueva cruzada contra otra pandemia que proviene de lugares ajenos al mismo continente.

Escrito por Patricia Morales para VCSradio.net

Narración: Viviana Núñez

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