Lo relativo de la verdad – Cuento

6 minutos. Lo relativo de la verdad es un cuento que nos enseña la diferencia entre la verdad mundana y la verdad superior.

Lo relativo de la verdad

En un cierto reino, el rey había estado reflexionando profundamente por varios días, lo cual ya inquietaba a sus vasallos. Pero él se mostraba como ausente, preguntándose por qué los seres humanos tenían tantas imperfecciones. Hizo partícipe de su inquietud a su consejero de confianza, pero él no pudo resolverle tan difícil cuestión. Sin embargo, le aconsejó que mandara a llamar a un ermitaño que vivía en una cueva cercana, el cual tenía fama de poseer una gran sabiduría.

Aunque el mencionado ermitaño era reacio a abandonar su sencillo hogar, donde permanecía semanas enteras en meditación, no pudo rehusarse ante la llamada del soberano. Así que acudió al palacio, y después de saludar al monarca, le preguntó en qué podría servirle. Mirándolo con atención, el rey le contestó:

-Ya me han contado sobre ti. Que has abandonado las cosas materiales, que eres muy reservado y no buscas homenajes ni placeres. También, que eres un hombre sabio.

-Eso parece ser lo que dicen, majestad –repuso calmadamente el ermitaño.

-Por esos motivos, voy a ser breve y directo. –Dijo a su vez, el monarca – Me inquieta terriblemente el comportamiento lamentable del ser humano. ¿Qué se puede hacer para que sea mejor?

-Solo hay una forma, señor. –Contestó con la misma calma el ermitaño – El hombre debe cultivarse espiritualmente, cambiando sus actitudes para alcanzar un alto nivel de comprensión. Solo así alcanzará la verdad superior, que naturalmente no tiene nada que ver con la verdad ordinaria.

-Pero, ¿las leyes? – dijo el rey – Debe haber algún modo más fácil de lograrlo.

-Señor, como le dije, solo hay un método –Insistió el ermitaño.

El monarca reflexionó un momento, y finalmente dijo:

 -Estoy seguro de que, por lo menos, puedo lograr que, en mi reino, la gente diga la verdad.

El ermitaño no contestó nada. Solamente miró con una ligera sonrisa al rey y deseándole suerte en su empresa, se despidió y regresó a su morada.

Días después, por orden del rey, se alzó un patíbulo a lado de la puerta que daba paso a la ciudad. En el muro de acceso, se colocó un bando que decía: “Todo aquel que quiera ingresar a la ciudad será interrogado. Si dice la verdad, se le permitirá el ingreso. Si miente, se le conducirá al patíbulo, donde será ahorcado inmediatamente”. En muchas ocasiones, el emperador en persona presidía los interrogatorios.

Una mañana, poco después, el ermitaño, dejó la meditación en la que había estado sumido toda la noche, y lentamente abandonó su refugio para dirigirse a la ciudad. Una vez llegó a la gran puerta de entrada, el capitán del regimiento lo detuvo. A su lado se encontraba el monarca, quien lo miró con seriedad, mientras le preguntaba:

-¿Hacia dónde te diriges, ermitaño?

-Voy hacia la horca, para que puedan ejecutarme –Repuso el ermitaño.

-No creo eso que me dices. –Repuso el rey

-Entonces, si consideras que he mentido, ahórcame.

-Pero si te ahorco por una mentira, – contestó el monarca – convertiré en verdad lo que dijiste. En ese caso, entonces, no te estaría ahorcando por decir una mentira, sino por exponer la verdad.

-Tú lo has dicho, señor. –Concluyó el ermitaño – ya puedes ver qué tan cierta es tu verdad. Como te había dicho, solo hay una forma de hacer mejor al hombre.

Cuento anónimo indio adaptado para VCSradio.net

Música celta irlandesa relajante medieval instrumental gaitas, tambores y flauta de películas.

Foto de portada: pxfuel.com

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