MANOS QUE ACECHAN Y LASTIMAN

Manos que acechan y lastiman es un educativo cuento que puedes escuchar o leer a continuación:

MANOS QUE ACECHAN Y LASTIMAN

Él, un señor muy alto, rubio, de ojos claros, es recibido con mucha alegría por mi abuelita… la última vez que se habían visto, aún era un niño. 

-Mira, ella es mi nietecita Estrellita, se va a quedar unos días conmigo porque sus padres están en un viaje de trabajo-. Él me mira con una amable sonrisa, se inclina, me dice… soy tu tío y me da un beso en la mejilla… yo sigo construyendo mi tienda, con los cojines de la sala y jugando con mis muñecas. 

Mi abuelita duerme zzz, zzzz, zzzz profundamente en su mecedora…  voy, me cepillo los dientes, me coloco el piyama para acostarme…pero de pronto entra mi tío…-vine a darte las buenas noches… me coge el cabello… eres muy linda… me cubre con las mantas, pasando sus manos sobre mi cuerpo…y me dice: te tengo un regalo sorpresa. 

 Mis padres me hacía mucha falta…hacía frío…su ausencia y la presencia de mi tío, me inquietaba.

Me vestía para salir al colegio y al levantar la mirada, ahí estaba; yo, aún no había cubierto mi cuerpo y él, fijando su mirada y su sonrisa rara…mi abuela le pide el favor de acercarme al colegio… 

Me toma de la mano y me dice: Estrellita, quiero enseñarte un juego, pero no le puedes contar a nadie… es un secreto entre los dos y, si lo cuentas, perderás tu regalo sorpresa… luego sacó de su bolsillo unos dulces. Cuando me los entregó, vi sus manos…eran muy grandes uuuy, ¡qué feas!, apreté mis ojos…me puse  nerviosa; ese señor hasta ahora lo conocía y quería ser amigo mío.

A la salida del colegio, ahí estaba… la abuela no había ido a recogerme… el estómago me dolía, mis manitas me temblaban…volvió a tomarme con sus manos, con dedos muy largos y  uñas puntudas; el rose de sus brazos con su chaqueta hacia shua, shua, shua…estaba muy incómoda, agitada. Seguía extrañando mucho a mis padres, ¿qué me estaba pasando? ¿Por qué siento tanto miedo? 

Mi abuelita estaba muy feliz de tenerlo en casa, conversaban por largos ratos y se contaban cosas que no comprendía…pero a mí, me incomodaba… siempre pendiente de mí. Me puse a hacer las tareas y se me acercó tanto… su fuerte respiración en mi cara…me abrazó y me apretó, con sus manos  que emitían un fuerte olor… ¡mis padres no hacen eso conmigo! 

De pronto una fuerte sensación llenó mi cuerpo y me levanté de la silla. Lo retiré con la fuerza de mis pequeñas manos y le dije… ¡déjame yo puedo hacer la tarea sola!… pero mi abuela con disgusto me regañó y me ordenó disculparme… -ella no entendía que mi tío estaba ahí, molestándome.

Empezaba a oscurecer…la abuela dormía… frente al televisor  y yo… sin saber qué hacer ante la presencia de mi tío… de pronto sus pasos lentos,  lo acercaban a mi… con una hermosa muñeca entre sus enormes manos… -hola preciosa esto es para ti, eres una niña muy linda y yo te quiero mucho…pero no te enojes conmigo, podemos jugar un ratico los dos-…se arrodilla me mira y me toma por los hombros y me coge mi carita… el miedo me invade… la abuela no despierta…él quiere pasar sus manos por entre mi ropa íntima…

Nuevamente hay una fuerza que sale de mi…lo empujo con furia y salgo corriendo… tú no me vas a tocar; porque le voy a contar a mis padres, a mi profesora, a mis amigos del colegio y a la policía, que tú me quieres hacer caricias malas. Entré a mi cuarto. Pasé el cerrojo y le puse sillas para no permitir su entrada. La noche fue muy larga, daba vueltas en la cama;  escuchaba el plic, plic, plic de la lluvia; el cri, cri, cri de los grillitos y el croac, croac, croac de los sapitos…  y mi mirada,  muy atenta a que sus manos tenebrosas  no se deslizaran por debajo de la puerta.

Los rayos del sol entraban por la ventana…y  un carro piiii, piiii, piiii… unas voces… 

-¡Buenos días!- Eran mis padres, habían regresado…-Estrellita, hija ¿dónde estás?-  

 Salí corriendo y los abracé… no quería soltarlos.

-¡Quiero irme de acá, por favor vámonos a nuestra casa!

El tío salió a saludar a mis padres y les dijo…

 -Su hija es muy linda… pero le encanta decir mentiras, ¡tengan mucho cuidado!-.

Yo seguía colgada del cuello de mi madre; nuevamente salió esa fuerza de mi interior y con una mirada fija,  le dije a mi tío. 

Tú, no me vuelves a tocar con tus manos que incomodan y lastiman.  ¡No te quiero volver a ver nunca!

Me fui a casa con mis padres y les conté lo que me había pasado en la casa de la abuela… ellos con mucha preocupación  y enojo fueron a la comisaría, para denunciar a mi tío. Me felicitaron por haber sido valiente y haber rechazado  las caricias malas de las manos tenebrosas.

 Mis padres se organizaron para estar más pendientes y no permitir el acecho de las manos tenebrosas…que te encuentras: en los parques, en las salas, en los cuartos, en los buses… en medio del miedo, en la soledad… en cualquier parte, en las sombras. Son voces y pasos, manos y palabras, caras deformes y miradas fijas… Que cuando se acercan… hay que correr, contar al papá, a la mamá, a los amigos, a la profesora y a la policía del lugar…

Reflexión.

Nuestros niños a diario están expuestos al peligro de abusadores sexuales, que pueden encontrarse en sus familias. Hay que estar atentos a sus cambios, a su aparente distracción, a la falta de apetito repentino…escucharlos y siempre acompañarlos para salvaguardar su inocencia e integridad, proteger su alma y su corazón.

Escrito por:

Consuelo Blanco Mejía.

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