Revisionismo histórico: renegar del pasado para justificar el presente


6 minutos. El revisionismo histórico es una forma de culpar al pasado remoto por nuestros problemas presentes.


Aunque el revisionismo histórico tiene un contexto positivo, cuando se refiere a corregir datos históricos a la luz de nuevos hallazgos, también tiene un sentido negativo cuando se trata de justificar las situaciones presentes, culpando el pasado.

Aunque el derribo de estatuas o la purga a obras literarias o de arte han existido a lo largo de la historia, generalmente esto siempre se dio en el marco de revoluciones o cambios violentos de gobierno. Como resultado de ello, se borraba el nombre de los vencidos. Un ejemplo es la destrucción de las estatuas del dios egipcio Amón por parte del faraón Akenatón, para implantar el culto a Atón. Posteriormente las suyas también serían condenadas a la destrucción.

Sin embargo, en la actualidad nos encontramos con una situación muy diferente. El afán destructivo no se enfoca en personajes o hechos contemporáneos. Las víctimas de esta iconoclastia destructiva están muertas hace de 200 a 500 años.

Un detonante reciente de esta destrucción, fue el asesinato del afroamericano George Floyd en mayo de 2020 en EEUU, por parte de policías blancos. Esto generó una ola de protestas que se extendieron hasta a Europa. Se comenzó condenando al racismo, luego al esclavismo y al final al colonialismo, lo que condujo al derribamiento o vandalización de estatuas de todo tipo de personajes, desde Cristóbal Colón hasta Winston Churchill.

Esta modalidad no paró allí. A Colombia llegó, durante las protestas de finales de 2020 y abril de 2021, cuando los indígenas Misak organizaron recorridos por diferentes ciudades, derribando estatuas de conquistadores españoles.

Pero, ¿es esto racional?

El debate sigue abierto, y cada vez son más las voces que se suman a quienes creen que las estatuas conmemorativas deben ser, por lo menos, retiradas de los sitios abiertos.

Pero no son solo las estatuas. El cine clásico no es ajeno a esta arremetida. Películas icónicas como “Lo que el viento se llevó”, han sido retiradas de las plataformas digitales. Se cuestionan novelas escritas hace siglos, o cualquier acontecimiento del pasado que recuerde la opresión de un pueblo sobre otro.

Naturalmente que, vistos desde la óptica actual, todos esos hechos son inaceptables, especialmente el esclavismo, que existió a través de toda la historia hasta mediados del siglo XIX. Pero hay que entender que dichos personajes opresores se movían en el contexto de su tiempo, cuando esas prácticas eran parte del desarrollo de las sociedades en las que vivían. Seguramente, si ellos hubieran nacido en nuestra época, no habrían actuado de tal forma.

Entonces, ¿alivia el peso de la historia asegurar que Cristóbal Colón fue un genocida? Colón realmente no llegó a tener posesiones en América, e incluso hasta su muerte pensó que había llegado a las Indias. ¿Vale la pena condenarlo hoy día?

A finales del siglo XV los viajes marítimos desde Europa eran más frecuentes en la medida en que la tecnología de la navegación progresaba. El encuentro de América y Europa era inevitable, y pensar que, como desean algunos, los Incas hubieran conquistado España, no era algo posible, porque no tenían el desarrollo para ello.

Pero el caso más curioso que se ha presentado con todo este movimiento de revancha contra el pasado colonial, es tal vez el de exigir que se pida perdón a los americanos.

En este momento, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, lidera este movimiento. Abiertamente le ha pedido a España que se disculpe por la conquista, al igual que a la iglesia católica.

En España, por su parte, la solicitud ha levantado ronchas, e inclusive el expresidente de gobierno, José María Aznar ha dicho que no va a «engrosar las filas de los que piden perdón en la época en la que se pide perdón por todo«. Y remató con una pregunta: «¿Usted cómo se llama? Es Andrés Manuel López Obrador. ¿Andrés por parte de los aztecas? ¿Manuel por parte de los mayas? ¿López? ¿Qué es eso?», en una clara alusión al origen español del presidente mexicano.

Algunos mexicanos le han respondido a AMLO, que más bien exija a los aztecas que pidan disculpas a los pueblos sometidos por ellos, como los tlaxcaltecas.

Pero el fondo de todo esto no es si está bien o no derribar estatuas, o solicitar disculpas. De lo que realmente se trata es de si tiene algún sentido juzgar los hechos de un pasado ya remoto, con la visión de nuestro tiempo actual. Pues si continuamos la lista de atrocidades del pasado, no terminaríamos.

Lo cierto es que hoy en día, 500 años después de la conquista, nuestro continente es una compleja fusión de razas, y muchos de los que protestan bien podrían ser descendientes directos de algún conquistador genocida.

Después de todo, esta forma de mirar hacia el pasado realmente distrae de los verdaderos problemas actuales que debemos enfrentar entre todos.

Podría decirse que dichos problemas se generaron por ese pasado tormentoso. Pero esto es igual que culpar a nuestros tatarabuelos por los problemas de salud o económicos que les heredamos. ¿no sería mejor hacer nuestro mejor esfuerzo por solucionarlos?

Los españoles de ahora ya no usan armaduras de hierro ni espadas. ¿Debemos nosotros seguir usando taparrabos? Eso, en el caso de quienes tienen 100% de sangre indígena. Porque quienes tienen sangre española, o inglesa si hablamos de EEUU, ¿a quién reclaman?

Demandar por un pasado que ya no existe es, literalmente, como el caso del esclavo que añora sus cadenas, puesto que ellas le permitían culpar a sus amos por su condición; si no las tiene, se verá obligado a seguir adelante solo.

Nuestro enemigo no es Cristóbal Colón, muerto hace algo más de 500 años. Nuestro único enemigo, hoy en día, es nuestro propio complejo de esclavos martirizados.


Articulo redactado por Carlos Morales G.

Foto de portada: Captura de pantalla Señal Colombia

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