Si Dios lo quiere

4:17 minutos. Este relato nos enseña que si la soberbia nos hace creer que estamos por encima de Dios, debemos prepararnos para recibir golpes.

Si Dios lo quiere

Se trataba de un hombre tosco y huraño, que no admitía consejos ni sugerencias. Mientras miraba el camino del pueblo, dijo a su mujer:

-Si mañana hace buen clima, voy a ir al mercado para comprarme un asno

-Debes decir: “Si Dios quiere”, – le respondió ella.

Pero el hombre no estaba de humor para decir tal cosa, después de una racha de dificultades que había tenido, y le contestó:

-Por lo que he podido conocer con mi experiencia, parece que Dios nunca quiere nada de lo que yo quiero. Ya me cansé de repetir esas palabras que, al final, no significan nada.

Así pues, a la mañana siguiente, acompañado por un sol radiante, nuestro buen hombre partió hacia el mercado del pueblo. Allí, después de un conveniente regateo, compró un luciente asno que lo hizo sentir orgulloso. De modo que montó en la bestia, y emprendió el camino de regreso a su casa.

Mientras avanzaba, con una sonrisa en los labios, se decía así mismo:

-Cualquiera que me vea tendrá que decir que tengo un excelente asno, y lo mejor es que lo conseguí a precio de ganga. Y veamos, ¿necesité los buenos deseos de Dios? Por supuesto que no. Esto lo logré por mis propios medios.

En esta deliciosa plática iba pensando distraídamente, cuando una serpiente apareció en el camino. Ante esto, el asno asustado, corcoveó arrojándolo por el aire. Para su infortunio, cayó sobre un matorral de espinos que se negaba a liberarlo fácilmente.

Estando en el forcejeo con el matorral, hizo un movimiento demasiado brusco, y de pronto rodó por la ladera, hasta caer varios metros abajo, con la ropa hecha girones. Como pudo se levantó, sangrante y cubierto de raspaduras. De ese modo, cojeando, retomó su camino a pie, pues el asno había huido desesperado por el bosque.

Llegó a la casa ya en la noche, pues el trayecto que le faltaba era muy largo. Con sus últimas fuerzas, débilmente, golpeó la puerta.

-¿Quién llama? –preguntó desde el interior su mujer.

Por favor, abre la puerta –Contestó él con un suspiro -. Soy yo, si Dios quiere.

Reflexión: No permitas que tu arrogancia te haga desafiar al Cielo, sabiendo que tu suerte está en sus manos.

Cuento anónimo árabe adaptado para VCSradio.net

Foto de portada: Hombre en burro, Afghanistan – Wikimedia Commons

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