PLUMA, LA PERRITA TRAVIESA – Cuento Infantil

14 Minutos. Pluma, la perrita traviesa es un divertido cuento que enseña sobre el trato a los demás y que puedes escuchar o leer a continuación:

Puedes encontrar más cuentos infantiles para escuchar o leer haciendo click aquí.

Pluma la perrita traviesa

Había una vez una perrita muy linda color canela llamada Pluma que vivía en un hermoso valle con prados verdes, bosques frescos y un lindo riachuelo.

Pluma era una perrita muy vivaz, juguetona y alegre y tan, tan traviesa que todos los perritos del valle no estaban nada contentos de cómo se comportaba Pluma.

Pluma gastaba bromas pesadas al resto de los perros, les molestaba cuando dormían su siesta, les quitaba su comida para hacerlos rabiar, y lo peor, a menudo se burlaba de algunos perritos, los cuales estaban muy tristes por el modo que les trataba Pluma.

Un día Pluma se estaba acercando a una perrita que descansaba sobre una roca al lado del riachuelo, con la intención de empujarla y tirarla al agua ¡dándole un buen susto!, cuando un viejo cuervo llamado Brux, se interpuso en su camino y le dijo a Pluma:

– ¿A dónde vas Pluma? Seguro que ya estás maquinando alguna picardía, ¿porque eres tan pesada?

A lo que pluma, mirándolo con cara picarona respondió:

-Yo solo quiero divertirme, quiero pasar mi vida lo mejor posible, y esto que hago me hace sentirme bien.

El viejo Brux la miró con enfado y exclamo molesto:

-¿Pero no te das cuenta que esto que haces molesta a los demás y en muchas ocasiones hasta los lastima la manera en que los tratas?

A lo que Pluma, con aire indiferente respondió

– A mí los demás perros, allá ellos con su vida, yo quiero divertirme y lo que piensen o sientan los demás no me interesa.

Brux, moviendo la cabeza con resignación pensó «esta perrita no tiene remedio….» y se alejó despacio, girando la cabeza de vez en cuando mirando hacia Pluma, que ya se estaba dirigiendo a la orilla del riachuelo para culminar su travesura.

Cuando llegó sigilosamente al lugar donde descansaba la perrita en la roca y ¡ZAS! le dio un empujón y la pobre perra cayó al agua muy sobresaltada y alborotada. Regresando a la orilla grito:

– ¡Pluma! ¡Eres muy mala!

Después de sacudirse el agua pareciendo un aspersor, gruño

– Agggggg, Pluma no tiene remedio, yo ya no puedo más con ella…¡no puedo más! Pluma se destornillaba de risa mientras otro perro recién llegado contemplaba la escena y Pluma le gritó:

-Y tú qué miras? !Tienes las orejas tan grandes que parece que vayas a volar! ¡Qué feo eres! ¡¡JAJAJA!!

Llegando a una pequeña loma Pluma se sentó a contemplar el paisaje mientras suspiraba con una sonrisa pensando «Ayyy, que divertido es esto, me lo paso bien!!»

Pensando en su nueva travesura un profundo sueño la invadió, de lo cansada que estaba de tanto hacer y maquinar pilatunas, y recostandose en la hierba se quedó dormida.

Al poco rato empezó a soplar un fuerte viento – FiUhhhhhh…FiUhhhhh…- y todos los perros corrieron a refugiarse.

-¡Corre vete para casa que parece que vamos a salir todos volando con este viento! –

– ¡Vámonos al establo!  ¡que este viento es de armas tomar!

Todos fueron alertados, todos menos Pluma, con la que nadie quería tratos por todas las pilatunas y burlas que les había hecho. Pluma, profundamente dormida, no se dio cuenta del vendaval que se estaba levantando.

El viento sopló cada vez más y más fuerte, hasta que un fuerte remolino, cargado de polvo y paja, pasó por encima de Pluma, y haciendo honor a su nombre, se la llevó volando como a una pluma de paloma, surcando los cielos haciendo mil y una piruetas en el aire.

Antes de que pudiera darse cuenta, Pluma estaba sobre la cima de una alta montaña.

Con los ojos como platos sin saber qué había pasado, se encontró en aquel lugar, sola, por encima de las nubes. Empezó a correr asustada montaña abajo con la intención de regresar al valle, pero al llegar a la neblina, no podía ver absolutamente nada, y aterrada, regresó a la cima, donde brillaba el sol.

Allí en la cima de la montaña, pasó varias horas, sola y asustada, hasta que el sol se fue a dormir y en ese momento, invadida por la angustia de estar sola allá arriba en lo alto de aquella montaña, se metió en el hueco de un árbol, donde pasó la noche, suspirando y lloriqueando.




– Sniffff Sniffff que desdichada que soy…Ayyyy que sola estoyyyy…

Al día siguiente, con los primeros rayos del Sol, salió del hueco del árbol, miró hacia todos lados, y descubrió que las nubes seguían allí abajo, por lo que le sería imposible adentrarse en la neblina sin perderse, y empezó a sollozar:

-Ayyyy ¿qué voy a hacer? ¡Estoy aquí sola y nadie me va a ayudar!

De repente, volando por los aires apareció una silueta negra que rápidamente Pluma reconoció «¡es Brux!», «¡estoy salvada!».

Brux se posó en el suelo al lado de Pluma

-¿Qué haces aquí?»

-Creo que el viento me ha traído aquí, me pilló por sorpresa mientras dormía.

Brux se la quedó mirando con los ojos entrecerrados, como pensativo, sin decir nada durante unos segundos, y de repente dijo:

-Ah bueno, no pasa nada, como no te importan los demás, seguro que puedes arreglártelas tú sola perfectamente y sabrás regresar al valle sin problema.

 – ¿Pero qué dices? ¡Si no veo nada al adentrarme en la niebla y me voy a perder! necesito que los perros ladren para saber hacia dónde dirigirme…

-¡Qué va!- dijo en cuervo moviendo la cabeza en expresión de negación- ¡tú no necesitas a nadie y te las vas a pasar muy bien tú sola! Además seguro que lo pasas muy divertido intentando encontrar el camino de regreso a casa sin ayuda de nadie, y por el camino seguro que encuentras alguna ardilla o conejo de quien burlarse para hacer más ameno tu camino.

Levantando el vuelo el viejo cuervo se alejó volando.

Pluma comenzó a gritar:

-¡No te vayas! ¡No me dejes aquí sola!-

Pluma comenzó a llorar y llorar, cada vez más desconsolada, hasta que ya no le quedaba ni una lágrima. Empezó a pensar en todo lo que había hecho todo ese tiempo atrás desde que era apenas una cachorrita, en todas las bromas y burlas que les había hecho a los demás perros del valle, y empezó a recapacitar «Ayyyy…no debería haberles hecho todas esas cosas, no es divertido estar aquí sola, y seguro que no es divertido tampoco para ellos todas las bromas que les he hecho y todas las burlas que les habrán hecho sentir mal».

Triste y desconsolada pensó que aquello sería su fin.

De pronto, vio aparecer de nuevo a Brux, con su hermoso y negro plumaje oscuro como la noche. -¡Hola Brux!, ¡cómo me alegro de verte!

Brux la miró diciendo

-¿Todavía estás aquí? ¿Por qué no has regresado al valle?

– ¡No puedo!  Necesito que los ladridos de los perros me guíen hacia el valle, o terminaré perdida en la ciénaga o camino al desierto del otro lado de la montaña. – No sé, hacia donde ir-

El viejo cuervo la miraba fijamente con su penetrante mirada, hasta que con voz firme le dijo:

– He hablado con los perros del valle y todos me han dicho que ellos hacen su vida y no les interesa lo que te pase a ti ni cómo te sientas…

Brux no pudo terminar de hablar porque Pluma inmediatamente murmuró:

– He sido muy desconsiderada con todos los demás, no me he comportado nada bien, lo sé, y me merezco que ahora ellos me abandonen sin preocuparse por mí…

Brux la miro apenado y le confesó:

– Pluma, veo que has aprendido la lección. No es cierto lo que te he dicho, todos los perros se han preocupado mucho por ti y quieren ayudarte.

Levantando el pico al aire el cuervo emitió un largo y fuerte silbido que invadió todo el aire. A los pocos instantes, decenas de ladridos de perro comenzaron a escucharse montañas abajo, provenientes de debajo de las nubes.

-Guauu, Guau, Guau, Guauuu, Guau…

-Sigue el sonido de sus ladridos- dijo Brux- y llegarás al valle.

– ¡Oh gracias! ¡No sabes lo feliz que me siento!, jamás en mi vida me había sentido tan feliz, ni con todas las travesuras que he hecho hasta ahora!

Pluma comenzó a bajar por la ladera de la montaña, en dirección a los ladridos, con cuidado de no estamparse contra ningún árbol, ¡porque no veía más allá de su hocico!

Pronto llegó al valle, encontrando a todos los perros reunidos al pie de la montaña.

– Los quiero mucho- dijo a todos los perros – Les quiero pedir perdón por todas las bromas que les he hecho y sobre todo por las burlas que les haya hecho sentir mal.

Los perros la rodearon, la olieron y le lamieron las orejas, mientras Pluma lloraba de la emoción de estar de vuelta y de sentir el cariño de todos. Había aprendido la lección, había comprendido que lo que no quieras para ti, tampoco lo quieres para los demás y que vivir en comunidad y armonía con los demás, te aporta mucha más felicidad de la que te aporta tu propio bienestar egoísta.

Desde ese momento Pluma fue amable y respetuoso con todos los perros del valle, y todos juntos continuaron su vida y sus aventuras felices por el resto de sus días.

Colorín colorado este cuento se ha acabado.

Cuento publicado en cuentosinfantilesadormir.com