El Anciano, el Niño y el Burro

5:40 minutos. El anciano, el niño y el burro habla sobre por qué debemos mantener nuestras opiniones. .

El anciano, el niño y el burro

Un anciano y un niño iban de camino hacia su cabaña, llevando un burro, que caminaba lenta y pensativamente por delante de ellos.

Lo habían obtenido en la feria de un pueblo, y debían entregarlo al padre del muchacho, quien les había encargado que le compraran el mejor que pudieran conseguir.

Al pasar frente a una tienda que se encontraba al lado del camino, unos hombres que estaban allí departiendo, comenzaron a reír cuando los vieron.

-¿Habían visto algo más tonto? – Dijo uno- tienen un burro, y en vez de aprovecharlo, ¡él camina adelante marcando el paso!

-Claro, al menos el viejo debía montarlo. – dijo otro – ¡parece un desfile de burros!

Así quedaron riendo y celebrando las chanzas, mientras ellos se alejaban avergonzados. Entonces, el anciano decidió montar en el burro, y continuaron su camino.

Más adelante, se cruzaron con un grupo de marchantes que venían en sentido contrario. Cuando pasaron a su lado, los marchantes se detuvieron, mirándolos con reprobación.

-Miren eso, -afirmó uno- ¡Qué desconsideración! ¡es indignante!

-¡Por supuesto! –lo apoyó otro- si no lo veo, no lo creo. El pobre niño camina jadeando, y el viejo descarado, ¡muy a su placer, montado en el burro!

A medida que se alejaban, continuaron con las críticas, muy irritados.

Ante tales comentarios, el anciano miró al chico, con algo de tristeza y, bajándose del burro, lo invitó a que lo montara. Ya más tranquilos con este cambio, continuaron la lenta marcha.

Al cabo de un rato, llegaron a una aldea, por la cual debían pasar en su recorrido. Pero, no bien entraron por la calle principal, los vecinos comenzaron a murmurar, subiendo la voz a medida que la indignación los animaba a unos y otros, mientras decían:

-¡Qué cosa tan inaguantable! ¡Está visto que la juventud de hoy en día no tiene remedio! Ese pobre anciano se ve fatigado, pero tiene que arrastrar sus pies cansados detrás del muchacho, que va adelante, como un rey sobre el burro. ¡¿Qué tendremos que ver después de esto?!

-¡Es vergonzoso! –Decían todos en coro.

Tan pronto como salieron de la aldea, muy corridos por los comentarios, decidieron montar ambos en el burro. Así continuaron, los dos sentados en el lomo del animal, mientras este, sin perder la paciencia por tantos cambios, caminaba a su mismo paso, indiferente a las murmuraciones.

Más adelante, el camino entró a un puente, en el cual se encontraban algunos comerciantes reposando por su caminata. Pero en cuanto los vieron, interrumpieron su conversación, y empezaron a increparlos:

-¡Qué descaro! ¿Piensan, acaso, que ese pobre animal es una roca insensible? ¿No tienen siquiera algo de compasión? ¡Se ve a las claras que están a punto de reventarlo!

-Yo de ellos -Dijo uno-, le daría un descanso al pobre jumento.

-¡Debían era cargarlo un rato, para compensar! –Dijo otro.

Ante estas fuertes palabras, sintiéndose muy culpables por el maltrato al que estaban sometiendo al miserable burro, decidieron obedecer, cargándolo sobre sus hombros. De modo que comenzaron a levantarlo, con sus menguadas fuerzas, para llevarlo más cómodamente.

Pero en medio de este forcejeo, el burro, que hasta el momento había soportado todo muy tranquilamente, no pudo comprender qué pretendían ahora. Entonces, comenzó a corcovear, haciéndolos perder el equilibrio, de modo que se desbalanceó la carga, y el animal se precipitó desde el puente, muriendo en la caída.

El anciano y el niño, con tristeza en los ojos, solo atinaron a verlo caer, mientras sabían que ahora tendrían que explicar en la cabaña por qué volvían con las manos vacías.

Cuento anónimo indio, adaptado para VCSradio.net

Foto de portada: Paseo en burro en Tayikistán – Licencia de Creative Commons Attribution 2.0 Generic.

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