El león hambriento y la liebre valerosa

6 minutos. El león hambriento y la liebre valerosa nos enseña cómo la inteligencia es más poderosa que la ira y la arrogancia.

El león hambriento y la liebre valerosa

Había hace mucho tiempo una montaña poblada por toda clase de animales, y sobre todos ellos reinaba un fiero león. Ante tal abundancia, este león tenía por deporte matar todo otro animal que se pusiera a su alcance.

Esta situación se fue haciendo cada vez más insoportable para todas aquellas criaturas, que ya no podían vagar libremente por el bosque. Continuamente esperaban ser muertas y devoradas, y sus vidas parecían girar solo entorno a ese terrible peligro.

Ante esto, decidieron convocar una asamblea para tomar una decisión al respecto. Allí se acordó que enviarían una embajada ante el rey león, para hacerle una propuesta que sirviera a todos.

De modo que los designados se presentaron una mañana ante el furioso león y le dijeron:

-Señor, hemos visto que tú, al igual que nosotros, necesitas alimentarte. Pero también vemos que lo haces tan alocadamente, que a todos nos produces una fatiga permanente. Creemos que eso daña el sabor de la carne, y a nosotros nos afecta en nuestras actividades.

-Bueno, vayan al grano, entonces. ¿Cuál es su propuesta? – dijo el león.

-Es muy sencilla: nosotros escogeremos cada día un animal y te lo enviaremos para que te alimentes.

De modo, pues, que así se llegó a un acuerdo, y a partir de entonces, el león recibía diariamente un animal, al cual devoraba juiciosamente.

Pasaron los días y entonces, le llegó el turno a una liebre. Tan pronto supo que había sido designada, reflexionó:

-Si se trata de conservar la vida, está bien obedecer a quien se teme. Pero, sabiendo que voy a morir, ¿que gano obedeciendo? De modo que voy a hacer las cosas según mi parecer pues, finalmente, si ya tengo mi vida perdida, no puedo perder más que eso.

Tomada su decisión, se puso en marcha hacia la madriguera del león, pero muy tranquilamente, deteniéndose cada tanto. Observaba el paisaje, jugueteaba con las piedrecillas, se detenía a masticar algunas hojas, en fin, parecía encontrarse en un tranquilo paseo por el bosque.

De esta forma, le tomó varios días llegar hasta el sitio donde, lleno de impaciencia, se encontraba el león, mirando el camino por donde venía la liebre. Con un sordo gruñido, el león preguntó:

-¿Dónde demonios estabas? Muero de hambre y después de varios días, llega una pequeña liebre. ¿Qué tienes que decir?

-No ha sido mi culpa –contestó la liebre-. En el camino me salió otro león, quien quería devorarme. Debí jurarle que volvería a su lado tan pronto como pudiera. Apenas me liberó, corrí para informárselo a vuestra majestad.

Sintiéndose aún más encolerizado al saber que querían robarle su comida, el león rugió más alto:

-¡Llévame de inmediato hasta donde se encuentra ese usurpador!

Dócilmente, la liebre precedió al león hasta un pozo muy profundo que había en el camino. Una vez allí, le dijo:

-Mi señor, el león del que le hablé se encuentra en el fondo de esa cueva

El rey león se acercó y pudo ver, en lo profundo del pozo, su propia imagen amenazante, reflejada en el agua.

Entonces, dominado por la soberbia, deseoso de acabar con el impertinente rival, saltó dentro del pozo, encontrando su propia muerte.

Reflexión: Esta historia nos prueba que la inteligencia prima sobre la fuerza, y que la fuerza sumada a la arrogancia, pero sin inteligencia, no sirve para nada.

Cuento del Panchatantra indio – posiblemente del siglo III a.C.

Fotos de portada:

1 – León rugiendo – Photo by Maurits Bausenhart on Unsplash

2 – Liebre –  Emma Colbert – Dibujo al pastel de tiza de liebre – Wikimedia Commons

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