El Rey Mono y el Buda

5:15 minutos. El rey mono y el Buda nos muestra la ceguera de la soberbia .

El rey mono y el Buda

En cierta ocasión, el Buda se encontraba impartiendo sus enseñanzas en una alejada aldea cerca de un inmenso bosque. Mucha gente se reunía a su alrededor para escuchar sus sabias palabras, y él los atendía a todos con su gran benevolencia.

Enterado de tan importante visita a esta aldea, el rey mono, quien se encontraba en lo profundo del bosque con todo su séquito de monos, se dirigió a donde se encontraba el Buda, pues tenía una gran inquietud que deseaba comunicarle.

Tan pronto como estuvo en su presencia, sin aguardar demasiado, le dijo:

-Señor Buda, permíteme presentarte mis respetos. Pero también quiero manifestar mi descontento. He sabido que hace varios días te encuentras en esta aldea y no has mostrado interés por conocerme. Es bien sabido que, como rey de los monos, poseo un enorme poder y todos en esta comarca me reverencian.

El buda, escuchando atentamente, lo observaba en silencio, con una ligera sonrisa en los labios. El rey mono, mientras hablaba incesantemente, se movía con arrogancia, queriendo mostrar que merecía tanto respeto como el mismo Buda.

-Señor, veo que no dices nada, pero no debes dudarlo –continuó diciendo-. Nadie es tan fuerte ni rápido como yo. Mis habilidades y poderes son inalcanzables para cualquiera, y por eso soy el rey de los monos. Puedo probarlo, haciendo cualquier cosa que desees. Si quiero, puedo ir hasta el fin del mundo y volver.

El buda seguía mirándolo reflexivamente, prestándole mucha atención. Ya exasperado, el mono agregó:

-Bien, parece que aún lo dudas. Pero ahora mismo voy a partir hasta el fin del mundo y después regresaré. Entonces podrás decir si aún no crees en mi poder.

Diciendo estas palabras, partió apresuradamente. Sin detenerse ni un instante, durante muchos días cruzó montañas, desiertos, valles, mares, selvas, dunas… en fin, corrió por infinidad de caminos. Una tarde, al fin, llegó hasta un sitio donde pudo apreciar cinco enormes columnas. Se acercó hasta ellas y observó que más allá solo existía un profundo abismo, y después de eso estaba la nada.

Ante esto, se dijo: “es indudable que este es el fin del mundo. No existe nada más allá de este sitio”. Entonces emprendió el camino de regreso, cruzando de nuevo dunas, selvas, mares… y finalmente llegó de nuevo a la aldea donde se encontraba el Buda.

-Ya estoy de regreso –le dijo de inmediato al Buda-. Después de recorrer muchos caminos, llegué al fin del mundo, como había prometido. Esto demuestra que soy el más fuerte, intrépido y valiente. Eso es lo que me hace el rey indiscutido de los monos. Ahora, solo quiero que lo reconozcas.

El Buda, conservando la serenidad y con una voz calmada, simplemente le dijo:

-Observa bien dónde te encuentras.

Entonces, con infinito asombro, el rey mono pudo comprobar por primera vez que se encontraba sobre la palma de una mano del Buda. En su largo recorrido, pudo llegar hasta sus dedos, los cuales él tomó como columnas y pensó que lo que seguía era el abismo de la nada. Pero nunca logró abandonar la mano del Buda, quien aún lo miraba con una ligera sonrisa benevolente.

Cuento anónimo chino, adaptado para VCSradio.net

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