La tecnología nos está robando la inteligencia

Cuando recién apareció el internet, trajo consigo grandes esperanzas, pues ahora se podría acceder a todo el conocimiento del mundo, con un solo clic. Era muy prometedor, y las expectativas de que la inteligencia iba a subir vertiginosamente, eran indiscutibles. Pero la realidad es que, está sucediendo exactamente lo contrario: la inteligencia está desapareciendo.

“Nos estamos volviendo menos inteligentes… por la tecnología»: Nicholas Carr

Nicholas Carr, escritor y estudioso de temas de tecnología, negocios y cultura, afirma en entrevista a BBC que, “Nos estamos volviendo menos inteligentes, más cerrados de mente e intelectualmente limitados por la tecnología».

La tecnología del internet en cierto sentido facilita la vida: todo está al alcance de la mano, y el trabajo diario se limita al uso de softwares que con gran habilidad hacen diseños y creaciones sin que tengamos que pensar mucho, y todo queda perfecto. Es muy cómodo.

El problema es que en vez de potencializar nuestros talentos, los reemplaza. Si un software hace todo bien, no podemos expandir nuestras habilidades, porque nos priva de luchar con retos difíciles, que son necesarios para crear talentos. Así rápidamente disminuyen los que teníamos.

Por otro lado, si nos fijamos bien, podemos darnos cuenta que cuando tenemos nuestro smartphone cerca, nos es muy difícil llevar a cabo una conversación profunda con alguien presente, ya que estamos pendientes del celular y los pensamientos están dispersos.

“El uso de esta tecnología tiene grandes repercusiones mentales porque nos roba nuestra atención, y eso hace que pensemos más deficientemente”, agregó Nicholas Carr, a BBC.

Algunas experiencias de la vida diaria

Así mismo, cuando consultamos un tema, por ejemplo, en google, nos llega una enorme cantidad de información de forma suelta y recortada, imágenes rápidas, textos resumidos, sonidos aislados, que buscan robar nuestra atención compitiendo entre sí. Entonces, la mente salta de un lado a otro sin lograr concentrarse. Ah, y si le sumamos las múltiples notificaciones y nuevas alertas interminables, aún menos logramos profundizar.

El peligro está en que, si se usa esta forma de estímulo mental cambiante y fragmentado en forma constante, el cerebro se adapta rápidamente y acepta e incorpora estos hábitos en un tiempo extremadamente corto. Así que, sin darnos cuenta, vamos perdiendo la habilidad de pensar coherentemente y debilitando la capacidad enfocar y aquietar la mente.

Es por esto que, vemos muchas personas a quienes se les dificulta efectuar formas elevadas de pensamiento, naturales en los seres humanos, como son la meditación, la reflexión, la introspección, etc. Por un lado, porque son incapaces de aquietar la mente, y por otro porque ha desaparecido la facultad para persistir.

El efecto Flynn

Todo lo anterior, es un indicador de que las personas están perdiendo inteligencia por el uso constante del internet, y el efecto Flynn así lo confirma.

El efecto Flynn es un estudio que documenta la evolución de la inteligencia, concluyendo que las pruebas realizadas entre 1942 y 2008 muestran un incremento constante, o sea que, entre más experiencia, más inteligente se hace la persona.

Este resultado comenzó a cambiar en las pruebas realizadas entre 1970 y 2009, mostrando que la inteligencia está descendiendo. Por esta época se inició la era de la tecnología informática.

Detectando pérdidas intelectuales

Y no es un mito; todos podemos comprobar la pérdida de nuestras facultades cuando descubrimos que como máximo recordamos nuestro propio número de teléfono (en el pasado sabíamos los números de la familia, amigos, trabajo, etc). Tampoco nos gusta leer mucho, con 2 párrafos es suficiente, y cambiamos de tema. El cuerpo está aquí pero el pensamiento está allá. Hay incapacidad para escribir artículos y se cree con facilidad en las noticias falsas, todo porque se ha perdido la habilidad para discernir.

Muchas personas que antes recitaban las capitales del mundo, las tablas de multiplicar y aplicaban fórmulas matemáticas, ahora no tienen ni idea de nada, lo han olvidado, seguramente agravado por el insomnio producido por las pantallas azules de los dispositivos.

¿Cuál sería la solución?

Algunos podrían preguntarse ¿qué hacer entonces? ¿Los gobiernos deberían prohibir la tecnología?

A pesar de que se ha venido hablando de las consecuencias nefastas de la tecnología sobre la persona, no es posible volver atrás o terminar con los computadores.

Realmente las personas no son ignorantes de lo que sucede en su cerebro por usar la tecnología, lo que pasa es que están embelesados con los servicios, y les importa poco saber que, si esta situación continúa por más tiempo, la sociedad se volverá vacía, apática y sin deseos de construir futuro.

Aunque no se puede dejar de usar las tecnologías, sí se puede asumir la responsabilidad de utilizarlas en forma racional, y esforzarse por mantener una actitud crítica que resista sus efectos y evite la adicción a los dispositivos; no hay que ceder pasivamente a sus efectos nocivos.

Si asumimos un compromiso firme con nosotros mismos, y tomamos la tecnología como un aliado que enriquece, no que anula, tal vez podamos conservar la condición humana de la autodeterminación, y no permitir a la tecnología modelar nuestras perspectivas.  Además, se puede echar mano a medios externos que permiten atenuar y proteger la mente, como son la meditación guiada, la oración, la contemplación, los retiros espirituales, visitas a la naturaleza, etc.

El que seamos personas sanas, constructivas, independientes, con criterio propio y buena salud mental, depende de nosotros mismos y de nuestras propias determinaciones para tomar solo lo bueno de la tecnología.

Editorial VCSradio.net