La Última Cena de Leonardo da Vinci, Apoteosis de Cristo


5:30 minutos. La última cena de Leonardo da Vinci es, no solo una de las más grandes obras de este artista, sino una de las mayores representaciones de Cristo. Veamos por qué.


La Última Cena de Leonardo da Vinci, Apoteosis de Cristo

Pintada entre 1495 y 1498, la última cena es una de las obras más conocidas de Leonardo da Vinci, así como uno de los íconos del Renacimiento. Como toda la obra de Leonardo, está llena de símbolos, muchos de ellos difíciles de precisar.

Pero más allá de los misterios que encierra, lo que hace inmortal a esta obra, es la perfección del asunto que representa, como si se tratara de un instante congelado en el tiempo.

Historia de una obra maestra

Ludovico Sforza encargó a da Vinci esta obra para el refectorio del Convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, Italia. Las representaciones de la última cena se centraban en uno de dos temas: la institución de la eucaristía o la revelación de la traición. El artista optó por esta última, retratando la sorpresa y agitación de los apóstoles al conocer tal noticia.

En cuanto a la técnica, Leonardo se enfrentó al problema de que, tratándose de un mural, debía usar la técnica del fresco. Pero éste secaba muy rápidamente, no permitiendo hacer retoques. Debido al grado de detallismo que acostumbraba, lo cual requería mucha pausa para pintar, decidió experimentar con una mezcla de temple y óleo. Pero esta pasta no adhería muy bien al yeso, y aún en vida del artista, la obra comenzó un proceso de deterioro que no ha podido ser resuelto.

Composición

Para la composición utiliza un muy acentuado rigor geométrico, en el cual la figura triangular de Cristo es el eje. Igualmente, el punto de fuga converge en él, de modo que es el centro dominante de la escena. Pero así mismo, sus brazos abiertos permiten que la energía concentrada en su cuerpo regrese hacia el espectador, generando el equilibrio de la obra.

Atrás se encuentran tres ventanas, las cuales iluminan la escena. La central, más grande, encuadra y destaca la figura de Cristo. El paisaje que se aprecia al fondo acentúa la profundidad del conjunto.

Los apóstoles se distribuyen a ambos lados de Cristo. De izquierda a derecha, aparecen Bartolomé, Santiago el Menor, Andrés, Judas Iscariote, Pedro y Juan, a un lado. En el otro están Tomás, Santiago mayor, Felipe, Mateo, Judas Tadeo y Simón Zelote.

Ellos están agrupados en cuatro grupos de tres, presentando actitudes muy dinámicas y dramáticas. Aunque Judas Iscariote no está separado del grupo, como es usual, sí se ve muy reclinado y al recibir poca luz, aparece oscurecido, reflejando el miedo a ser descubierto, mientras en su mano sostiene la bolsa de la traición. A su lado, Pedro sujeta un cuchillo, símbolo de la acción que cometerá más tarde contra el centurión.

Pero las expresivas actitudes de los discípulos, en una aparente confusión de sentimientos, contrastan con la perfecta tranquilidad de Jesús, lo que agrega belleza a su figura divina, alejada del sentimentalismo humano que muestran los apóstoles.

Detalle de la copia de La Última Cena de Da Vinci de Giacomo Raffaelli. Encargado por 
Napoleón al artista italiano w:Giacomo Raffaelli , el mosaico solo se terminó después de la abdicación de Napoleón y terminó en la Minoritenkirche (Viena). Se observa el cuchillo en la mano de Pedro y a Judas sosteniendo la bolsa de la traición. La sal derramada a su lado es símbolo de mala suerte.

Símbolo sagrado

Muchos opinan que Leonardo plasmó en su obra la concepción filosófica de la llamada tríada platónica. Mediante esta disciplina se buscaba conciliar el pensamiento de Platón con la doctrina católica. Esta tríada se basaba en los valores de Verdad, Bondad y Belleza, según la Academia Platónica Florentina, de Pico de la Mirandola.

Esto se observa en tres de los cuatro grupos, pues el de Judas no sería considerado. Así es como el tercer grupo representaría la santísima trinidad. Tomás señala al cielo, como símbolo de Dios, Santiago el Mayor con los brazos extendidos evoca a Jesús crucificado y Felipe, con las manos en el pecho, figura al Espíritu Santo.

En síntesis, esta obra magnífica representa en una misma escena la serenidad iluminada de Jesús, conocedor de su cercano destino, y la emotividad todavía tan humana de sus discípulos, incrédulos ante la noticia de que alguno de ellos pueda ser un traidor.

La última cena representa, a fin de cuentas, el orden divino cósmico frente al caos, que debe redimirse por medio del sacrificio de Jesús.


Escrito por Carlos Morales G. para VCSradio.net

Imagen de portada: La última cena – Leonardo da Vinci – Wikipedia Commons

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