Kingtsugi: La belleza de las cicatrices que deja la vida

Si alguna vez al levantarnos en la mañana, sin querer tropezamos con una taza de porcelana o cerámica, al ver los pedazos quebrados los recogeremos y los tiraremos a la basura apresuradamente. Pero en Japón esta acción sería algo impensable, ya que la cultura japonesa tiene en sus raíces, filosofías milenarias para guiar a las personas y hallar sentido a la vida.

El Kingtsugi es un arte japonés de orfebrería que consiste en el arreglo de piezas de cerámica a través de la plata líquida o el oro. Pero más allá de esta práctica antigua, su significado se manifiesta como una filosofía vital con el propósito de incentivar un conjunto de valores y poder encontrar belleza en las cicatrices que hemos sufrido a lo largo de nuestra vida.

Significado y origen del Kingtsugi

Kintsugi se escribe 金 継 ぎ, en donde (金) significa oro y (継 ぎ) arreglo. Su significado literal es «fijación con oro» o «parche dorado».

La orfebrería japonesa del Kintsugi en sus orígenes proviene del 10,000 A. de C., en el tiempo de Jomon. Luego, con el avance de los siglos en la Edad Moderna, los objetos arreglados del jarrón japonés quebrado, adquirieron valor por ser extraordinarios. 

Apareció en el lejano oriente hace cinco siglos, con el propósito de arreglar un recipiente de cerámica roto perteneciente al Shogun Ashikaga Yoshimasa, quien estaba muy apegado a un cuenco indispensable para la ceremonia del té; lo llevó a reparar en China en donde le colocaron unas grapas muy bastas. 

Como Ashikaga no quedó satisfecho lo mandó a los artesanos de su país quienes finalmente le dieron una solución atrayente y perdurable. El cuenco recuperó su forma original a través de la unión con un barniz espolvoreado de oro. Las cicatrices doradas cambiaron su simetría rememorando el desgaste que el tiempo hace sobre los objetos físicos, surgiendo de esta manera el valor de la imperfección.

Sentido espiritual del Kintsugi

El Kintsugi tiene un sentido espiritual, ya que considera la verdadera perfección tanto interior como exterior, que nace de las lesiones y las deficiencias. Es el arte del asentimiento de la lesión: es necesario aceptar las heridas sin esconderlas ni sentir pena, ya que exaltarlas nos ayudará a ser más resistentes. Toda experiencia negativa conlleva a recibir algo bueno, además de mejorarnos y robustecernos; por eso el quiebre de una pieza no significa su terminación o desvanecimiento.

Esta filosofía promueve la tranquilidad y evita el afán de querer en todo momento la perfección que tanto anhelamos en la vida actual. No tiene sentido tratar de esconder la debilidad y demás decaimientos, por eso es de vital importancia estimarse tal y como se es: roto, nuevo, único y en continuo cambio. 

Aunque toma tiempo este proceso de sanación para reparar nuestro espíritu, se nos garantiza de esta forma una estabilidad y consistencia.

Los efectos de la resiliencia en nosotros

Gracias a nuestra capacidad de resiliencia, nuestra valía se aumenta. A diferencia de las piezas de cerámica intactas, las que son arregladas con esta técnica poseen un mayor valor de apreciación. Las piezas rotas por dentro y fuera, en una persona, quedan arregladas y la parte vital que toma, forma parte en su historia. Hay una transformación que se transmite y embellece a una persona.

La rotura de un objeto no significa el final de su vida, sino que sus grietas se vuelven valiosas. Es necesario, al pasar por experiencias negativas, sacar algo bueno que nos servirá para ser mejores pudiendo volver a empezar mucho más poderosos que al principio.

Actualmente en esta sociedad si se rompe una taza, nos deshacemos de ella, al igual que con nuestra pareja; preferimos el resplandor de lo que es nuevo y reemplazar, en lugar de tratar de resolver nuestros problemas.

Enseñanzas del Kintsugi

El Kintsugi nos enseña que nuestro pasado y errores son valiosos, por eso debemos apreciarlo. Las malas experiencias del pasado pueden ser tomadas como algo terrible o como una parte de nuestro crecimiento que nos vuelve más instruidos. 

Todos nuestros desaciertos son los que nos han hecho llegar a donde estamos; el Kintsugi es la capacidad de ponerse en pie luego de una caída y seguir adelante.

Con el tiempo nuestras heridas se transforman es cicatrices y esas huellas hacen parte de nuestra vida dándonos la oportunidad de tomar mejores decisiones.

Somos responsables de cómo tratamos nuestras heridas para que se curen; si aprendemos a superarlas, nuestra cicatriz dorada será como una medalla de oro merecedora del Shogun.

Afligirse por el pasado no lo borra ni funciona para solucionar el presente. Es necesario ser conscientes del daño para aprender a tomar mejores decisiones para un buen porvenir.

El método para arreglar los objetos de cerámica era laca y polvo de oro; pero en nuestro caso, para componernos a nosotros es indispensable fijarnos en nuestros puntos fuertes, tener autoestima, descubrir habilidades y trabajar en ellas. 

Debemos apreciarnos fomentando hábitos de salud tales como dormir y alimentarnos bien para reducir el estrés; ser benevolentes con los demás y nosotros mismos, ser optimistas y muy pacientes. 

Así como en el Kintsugi hay que esperar a que los trozos queden fijos, igualmente en la vida debemos esperar a que cicatricen las heridas. 

Escrito por Darío Chaparro para VCS Radio.net

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