Reviviendo a Confucio para combatir los malos gobiernos

En sociedades como las nuestras (América Latina) siempre nos quejamos de la corrupción, los malos gobiernos, la pobreza y la violencia. Todos ofrecemos diferentes soluciones de acuerdo con nuestra perspectiva: que suba la izquierda, que suba la derecha, que aumenten el pie de fuerza de los países, que cambien las leyes, que haya más educación etc., pero todo es de lo mismo y nunca funciona.

La escuela confuciana

Si fuéramos lo suficientemente racionales, deberíamos pensar en recuperar un método que sí funcionó y trajo gloria a muchos pueblos. Me refiero al ‘confucianismo’, escuela de educación que formaba funcionarios sabios y éticos, capaces de crear un buen gobierno y donde la educación era el pilar de la sociedad.

Fue tan poderoso este enfoque, que a él se le debe el esplendor de la dinastía Tang, la preciosidad de la dinastía Song y el colorido de las dinastías Ming y Qing. Estableció la base de la Cultura Tradicional China durante los siguientes dos mil años.

El formador de sabios

Confucio, profesor chino nacido en 551 a. C. – 479 a. C., fue el primer pedagogo chino en fundar una escuela abierta, la cual enseñó la doctrina de la ética que dominó a China hasta la llegada del comunismo, a mediados del siglo XX.

La esencia de sus enseñanzas se fundamenta en la educación: “Con personas educadas, las familias tienen normas. Con Las familias en orden, los estados son gobernados correctamente. Con estados gobernados correctamente, el reino entero se vuelve feliz y tranquilo”, escribió Confucio.

Bajo estas premisas, Confucio enseñó las máximas virtudes de los gobernantes como son: la tolerancia, la bondad, la benevolencia, el amor al prójimo y el respeto a los mayores, a las tradiciones y los antepasados. Otras como la lealtad, piedad, valentía, justicia, transparencia, rectitud y diligencia, proceden de aquellas. Todo para estabilizar la sociedad y llevar paz y felicidad a los pueblos.

El buen gobierno de Confucio

Cuando Confucio se refería al buen gobierno, afirmaba que era indispensable respetar jerarquías y roles. «Que el soberano actúe como un soberano, y el ministro como un ministro, que el padre actúe como un padre y el hijo como un hijo», afirmaba

Basados en el confucianismo, los funcionarios eran elegidos por sus virtudes, educación, rectitud en el manejo de las cosas del Estado y saber comportarse como un ser humano.

De hecho, el gobernante debía ser un dechado de virtudes, y aparte de la benevolencia, debía ser valiente y altamente virtuoso. Esto, combinado con la educación del pueblo que era igualmente formado en la sabiduría.

Todo lo anterior no tiene nada que ver con lo que pasa en nuestros países que no exigen evaluación moral antes de asumir un cargo, como máximo se exige un título universitario y en ocasiones ni eso. El resultado: gobiernos corruptos e ineptos.

Cómo recuperar la sabiduría confuciana

Hay que volver a la fuente de los valores de la sabiduría confuciana, y aunque no se aplique al pie de la letra, su filosofía es rescatable. Todos nuestros gobernantes deberían pasar por una etapa de formación de valores, preparación en manejo de recursos, etc. Que sea requisito un certificado de una institución idónea.

Si pensamos en ello, sería necesario cambiar nuestro sistema educativo para crear escuelas y universidades confucianas.

Habría que transmitir sus principios de manera sincrónica y constante en la sociedad entera, tanto para el pueblo como para los funcionarios, para así generar nuevas versiones de conductas que se vuelvan hábitos y cultura. Esta es la manera de hacer crecer a los pueblos y sus pensamientos.

Aquí aclaro algo muy importante: las escuelas confucianas que proponemos son diferentes de los famosos institutos Confucio que China anexa a diferentes universidades del mundo; estos son una forma de inculcar la filosofía comunista en occidente, no enseña el pensamiento confuciano porque Confucio es la antítesis del Partido Comunista Chino PCCh. No debemos olvidar que, durante la revolución cultural, el PCCh promovió la destrucción de los libros confucianos y sus estatuas, y lo ridiculizó. La utilización del nombre de Confucio es solo oportunismo.

Es hora de reflexionar y documentarnos aún más sobre los enfoques efectivos del pasado porque, tal vez la solución no haya que inventarla, sino que ya está el alcance de la mano y muy ampliamente comprobada.

Editorial VCSradio.net