¿Por qué China persigue tan cruelmente a la disciplina espiritual Falun Gong?

Desde hace casi 22 años se viene escuchando en periódicos y redes sociales sobre la persecución que se lleva a cabo en China, contra un grupo espiritual llamado Falun gong o Falun Dafa. ¿De qué se trata todo esto?

Falun Gong es una disciplina espiritual antigua de la Escuela Buda que consta de una serie de ejercicios de qigong, y una meditación tranquila, cuyo objetivo es el fortalecimiento de la salud y la tranquilidad mental. Se dio a conocer al público en 1992.

En un principio, el gobierno chino promovió ampliamente a Falun Gong, destacando los enormes beneficios que ofrecía sobre la salud, lo cual representaba un alivio importante a los altos costes del sistema sanitario. Lo que nunca imaginó fue que Falun Gong atraería a un enorme número de personas, tantos que en pocos años rebasó los 100 millones de practicantes, cifra que duplicaba la de los afiliados al Partido Comunista Chino (PCCh). Fue así como Falun Gong se convirtió en el grupo espiritual más grande de China.

¿Cómo comenzó la persecución a Falun Gong?

El entonces líder chino Jiang Zemin, atemorizado al ver que no podía controlar a un grupo espiritual independiente tan enorme, creyó que podría perder el poder, ante lo cual ordenó reprimir al grupo.

Fue ahí cuando comenzó un hostigamiento, discriminación y vigilancia por parte de la Oficina de Seguridad Pública, a lo que los practicantes de Falun Gong reaccionaron con una reclamación pacífica el 25 de abril de 1999, frente a la oficina central de apelaciones en Beijing.

Esta apelación fue aprovechada por Jiang para politizar a Falun Gong afirmando que era un ‘asedio’ para disputarle el poder, y así lo presentó ante el país y el mundo. Sin embargo, la mayoría de los miembros del Politburó no estaban de acuerdo, y fue Willy Lam, analista experto de CNN, quien citó que funcionarios del gobierno chino afirmaban que la represión a Falun Gong fue algo muy “personal” de Jiang Zemin.

Fue así que el 10 de junio de 1999, Jiang creó la oficina 610, una agencia similar a la Gestapo, con autoridad sobre todos los organismos de seguridad del país, para dirigir la persecución a Falun Gong.

Dentro de este marco, el 20 de julio de 1999, comenzó oficialmente la más cruenta persecución a Falun Gong.

Jiang especificó una estrategia de persecución que incluía tres órdenes contundentes: «difámenlos, arruínenlos económicamente y destrúyanlos físicamente».

Las difamaciones incluían acusaciones de “alterar el orden social”, “poner en peligro la seguridad nacional”, y “subvertir el sistema socialista” y de ser una “secta”. Esto generó el odio del pueblo contra Falun Gong

Para arruinarlos económicamente, los practicantes y sus familias eran sometidos a allanamientos, despidos laborales, cancelación de pensiones, hostigamiento en sus emprendimientos, etc.

Para destruirlos físicamente, los practicantes eran encarcelados, sometidos a torturas, inyecciones de drogas psiquiátricas, campos de trabajos forzados, uso de picanas eléctricas, golpes, hambre, desapariciones y asesinatos. Desde el año 2004, en algunos hospitales estatales comenzaron a extraer órganos a practicantes vivos, para venderlos en el mercado de órganos.

Paralelamente, el gobierno realiza programas de reconversión con lavado de cerebro, sentencias a los “practicantes reincidentes”, reeducación con trabajo”, todo para intentar hacerlos renunciar a sus creencias y “transformar” sus pensamientos.

Todas estas tácticas de persecución continúan hasta la actualidad, solo que ahora son más disimuladas por las presiones internacionales.

Denuncias

Desde 1999 los practicantes de Falun Gong han venido reportado los atropellos a través de medios internacionales y redes sociales, al igual que diversos organismos de derechos humanos e investigadores independientes se han pronunciado. Por ejemplo, Amnistía Internacional ha pedido reiterativamente que se liberen a los practicantes presos en campos de trabajo forzado, pero a pesar de que el gobierno chino asegura que ya los desmantelaron, hay reportes confirmados de que aún existen, solo que no son tan evidentes.

En 2009, el periódico The New York Times, fue uno de los primeros medios occidentales que informó el atropello a Falun Gong, dando la cifra de “al menos 2.000” practicantes asesinados.

En 2006, el sitio web The Epoch Times denunció que en China se estaban extrayendo órganos a practicantes de Falun Gong vivos. Describe cómo eran detenidos en campos de trabajo forzado, sótanos de hospitales o prisiones donde se les realizaban algunos exámenes de laboratorio, cuyos resultados eran almacenados en bases de datos, para verificar la compatibilidad con posibles compradores en el mercado ilegal de órganos.

Al respecto, el ex Secretario de Estado canadiense David Kilgour y el abogado de derechos humanos David Matas fueron comisionados por la Coalición Internacional para Poner Fin al Abuso de Trasplantes en China (ETAC), para Investigar la extracción de órganos a practicantes de Falun Gong, y en julio de 2006, publicaron un informe confirmando que las denuncias de los practicantes eran ciertas:  se extraen órganos a practicantes vivos, en el “Informe sobre los alegatos de sustracción de órganos de practicantes de Falun Gong en China”.

Al respecto, el periodista Ethan Gutmann, de la Fundación para la Defensa de las Democracias, calcula que la cantidad de practicantes asesinados por sus órganos puede superar los 120.000. basándose en testimonios de refugiados, mientras que los investigadores David Kilgour y David Matas estiman 41.500 muertes entre 2000 y 2005.

¿Qué dicen los gobiernos del mundo ante este genocidio?

Hace unos años la mayoría de los gobiernos del mundo eran tímidos de pronunciarse contra China en favor de los derechos de Falun Gong, debido a sus intereses económicos y políticos; gradualmente se ha comenzado a hablar de ello más abiertamente.

Por ejemplo, en 2016, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos sacó la Resolución 343 donde expresaba preocupación por los informes sobre la sustracción de órganos, avalada por el Estado chino a prisioneros de conciencia, seguidores de Falun Gong, etnias minoritarias y devotos religiosos.

Así mismo, en 2013, el Parlamento europeo ratificó una resolución condenando la sustracción forzada de órganos del régimen chino a prisioneros de conciencia como Falun Gong.

Por otro lado, el 20 de julio de 2019, la Comisión Ejecutiva del Congreso de los Estados Unidos sobre China (CECC) presentó una declaración, exigiendo al Partido Comunista Chino (PCCh) detener la persecución a la disciplina espiritual Falun Gong.

También en el informe anual de 2019 sobre Libertad Religiosa Internacional, el secretario de estado Mike Pompeo, condenó las persecuciones religiosas de China:

 «…. en China, la intensa persecución del gobierno a muchas religiones -practicantes de Falun Dafa, cristianos y Budistas Tibetanos entre otros- es la norma. El partido comunista chino ha mostrado desde su fundación una hostilidad extrema hacia todas las creencias religiosas. El partido exige que solo él sea llamado Dios».

Al igual que estas voces, hay muchas más que defienden el derecho a practicar la espiritualidad, pero países comunistas como China, hacen caso omiso a los llamados de los organismos de derechos humanos y líderes gubernamentales de occidente, y continúan cometiendo atrocidades. Según última cifra reportada por es.minghui.org, fuente oficial de Falun Gong, hay 4641 muertes confirmadas hasta abril de 2021. 

Es necesario continuar denunciando estos atropellos a la libertad religiosa hasta que sean detenidos, pues disciplinas espirituales como Falun Gong crean un impacto positivo a las sociedades que la practican, muestra de lo cual son los más de 120 países en el mundo que se benefician del fortalecimiento de la salud y la tranquilidad mental.

Artículo escrito por Beatriz Rodríguez C. con información de es.minghui.org, The Epoch Times y The New York Times.